WASHINGTON, DC.- Un intercambio de elogios, pero también de críticas fue lo que se vivió este lunes durante la primera visita de la Presidenta brasileña, Dilma Rousseff, a la Casa Blanca.
Rousseff fue recibida por su homólogo estadounidense, Barack Obama, en la Sala Oval de la residencia presidencial, en una reunión de una hora y media seguida posteriormente por un almuerzo de trabajo a puerta cerrada.
Tras el encuentro inicial, el Mandatario elogió la fuerte relación entre ambas naciones, aunque aseguró que ésta puede ir a más.
"Nuestro comercio e inversión están alcanzando niveles récord, lo cual crea empleo y oportunidades de negocio en ambos países", declaró Obama, quien estuvo en Brasil el año pasado.
Luego, subrayó que ambos Gobiernos deben hacer mayores progresos en materia energética.
Aunque Rousseff secundó los llamados a la cooperación hechos por su par estadounidense, puso de manifiesto las tensiones entre las dos mayores economías del continente al lanzar una feroz crítica sobre la política monetaria expansiva de los países más desarrollados.
La presidenta brasileña afirmó que si bien esta estrategia era necesaria para evitar un deterioro de los problemas económicos globales surgidos a raíz de la crisis de 2008, expresó su preocupación por las consecuencias no deseadas que tiene en las economías en desarrollo, como Brasil.
Las autoridades brasileñas culpan a las bajas tasas de interés y a los programas de compra de bonos de Estados Unidos y Europa de causar un "tsunami monetario" que ha inundado de liquidez al país sudamericano, sexta economía mundial, y provocado una apreciación de su divisa, el real, lo que hace menos competitivas sus exportaciones.
"Brasil repudia todas las formas de proteccionismo, incluido (...) el proteccionismo cambiario", insistió Rousseff ante los empresarios de la Cámara de Comercio estadounidense.
El portavoz de la Casa Blanca, Jay Carney, declinó comentar sobre la respuesta de Obama a las preocupaciones manifestadas por la Mandataria.
Las declaraciones de Rousseff marcaron el tono de un encuentro que concluyó con anuncios modestos sobre cooperación bilateral en momentos en que Brasil y Estados Unidos viven tensiones comerciales debido a la abrupta cancelación, hace un mes, de un acuerdo entre la Fuerza Aérea estadounidense y la firma brasileña Embraer para la compra de 20 aviones.
La balanza comercial entre ambos países, de 74 mil millones de dólares en 2011, fue deficitaria en más de 11 mil millones para Brasil.
Al mismo tiempo, la política de diplomacia activa que mantiene el Gobierno de Rousseff, la cual heredó de su predecesor, Luiz Inácio Lula da Silva, también ha despertado irritación en Washington.
Su resistencia a nuevas sanciones contra Irán o Siria y su reconocimiento al Estado palestino son algunos de los desacuerdos que han enfrentado a ambos países, aunque desde la visita de Obama a Brasil en 2011, las relaciones han ido mejorando gradualmente.
Los dos presidentes volverán a verse el fin de semana durante la Cumbre de las Américas en Cartagena, Colombia.