TENOSIQUE, Tabasco.- Con una temperatura de casi 40 grados, migrantes centroamericanos representaron el Viacrucis que sufren por parte de autoridades y del crimen organizado en su paso por México para llegar a Estados Unidos.
Agobiados por el calor, señalaron que, como Cristo, sufren torturas y vejaciones antes de llegar a ese país del norte.
"Somos hermanos, todos somos centroamericanos. Por una migración sin violencia. No me violen. INM,  Secuestrador, violador, racista", fue el clamor de los migrantes, reflejado en pancartas de un grupo que avanzó desde  el poblado La Palma hacia esta cabecera municipal de Tenosique, una travesía a pie de 31 kilómetros.
 "Esta cruz que cargo representa para mí todo el peso que sé que sufriré, al pasar la frontera", expresa William Aguilar, un hondureño que representa a uno de los ladrones que acompañaron a Cristo, es la primera ocasión que cruza la frontera y está avalentonado.
Quien representa a Jesús es Roney Mazariego, otro hondureño que habla con voz queda. Nervioso, confiesa, que es la segunda ocasión que llega indocumentado a México, pues la vez anterior tuvo que regresar apenas lo asaltaron.
 Los centroamericanos la mayoría de unos 50 años, apenas desembarcaron de dos lanchas que los trajeron desde el Departamento de El Petén, Guatemala, sobre el río Usumacinta, emularon la Pasión de Cristo.
Convocados por el Movimiento Migrante Mesoamericano (MMM), decidieron desde antes de cruzar la frontera, vivir el Viacrucis, pero con la connotación de la "tenebrosa ruta del Golfo" que muchos de ellos han sufrido en la frontera sur, para pedir comprensión y  protección a la sociedad mexicana.
No habían tocado ni siquiera territorio mexicano y el primer grupo enfrentó los primeros percances al quedar un tanto a la deriva en el río, debido a fallas del motor de la lancha del lugareño que les ofreció el servicio.
"Gracias a Dios, otro lanchero le facilitó un motor al lanchero porque si no, hubiéramos tardado seis horas en lugar de dos", expresa Elvira Arellano, integrante del MMM.
Luego de ese desembarque, les tocó caminar kilómetro y medio hasta una ermita en donde apenas tomaron pozol - bebida refrescante hecha a base de maíz y cacao-,  enseguida Fray Tomás González, director de la Casa del Migrante la 72,  les advierte de los problemas que se avecinan  en la ruta.
Es  el franciscano, el que alza su voz por la inseguridad que priva para los centroamericanos, desde cruzan al lado mexicano.
"Este País es muy violento y les puede pasar que los abandone el coyote (guía)  o los entregue en manos del crimen organizado, los detenga el Ejército, la Policía Federal o la Estatal o los asalte alguna banda, pero nosotros somos de la Iglesia católica y de organismos de derechos humanos que queremos iniciar con ustedes un Viacrucis, como el que hizo hace dos mil años un hombre inocente al que mataron.
"Les queremos acompañar 30 kilómetros desde este poblado hasta Tenosique para experimentar un poco con ustedes su dolor y sufrimiento, pero sobre todo para alzar la voz y decirle al Gobierno federal que haga lo que  tenga que hacer para que este camino no esté  lleno de violencia", les expresa.
 Es la ruta que, advierte a los mismos centroamericanos que acaban de ingresar al país, donde todos los días se corre el riesgo de sufrir de asaltos, asesinatos  o que las mujeres sean violadas.

CARGAN SU CRUZ

Con una temperatura de casi 40 grados, migrantes centroamericanos representaron el Viacrucis que sufren por parte de autoridades y del crimen organizado en su paso por México para llegar a Estados Unidos.
Agobiados por el calor, señalaron que, como Cristo, sufren torturas y vejaciones antes de llegar a ese país del norte.
"Somos hermanos, todos somos centroamericanos. Por una migración sin violencia. No me violen. INM,  Secuestrador, violador, racista", fue el clamor de los migrantes, reflejado en pancartas de un grupo que avanzó desde  el poblado La Palma hacia esta cabecera municipal de Tenosique, una travesía a pie de 31 kilómetros.
 "Esta cruz que cargo representa para mí todo el peso que sé que sufriré, al pasar la frontera", expresa William Aguilar, un hondureño que representa a uno de los ladrones que acompañaron a Cristo, es la primera ocasión que cruza la frontera y está avalentonado.
Quien representa a Jesús es Roney Mazariego, otro hondureño que habla con voz queda. Nervioso, confiesa, que es la segunda ocasión que llega indocumentado a México, pues la vez anterior tuvo que regresar apenas lo asaltaron.
 Los centroamericanos la mayoría de unos 50 años, apenas desembarcaron de dos lanchas que los trajeron desde el Departamento de El Petén, Guatemala, sobre el río Usumacinta, emularon la Pasión de Cristo.
Convocados por el Movimiento Migrante Mesoamericano (MMM), decidieron desde antes de cruzar la frontera, vivir el Viacrucis, pero con la connotación de la "tenebrosa ruta del Golfo" que muchos de ellos han sufrido en la frontera sur, para pedir comprensión y  protección a la sociedad mexicana.
No habían tocado ni siquiera territorio mexicano y el primer grupo enfrentó los primeros percances al quedar un tanto a la deriva en el río, debido a fallas del motor de la lancha del lugareño que les ofreció el servicio.
"Gracias a Dios, otro lanchero le facilitó un motor al lanchero porque si no, hubiéramos tardado seis horas en lugar de dos", expresa Elvira Arellano, integrante del MMM.
Luego de ese desembarque, les tocó caminar kilómetro y medio hasta una ermita en donde apenas tomaron pozol - bebida refrescante hecha a base de maíz y cacao-,  enseguida Fray Tomás González, director de la Casa del Migrante la 72,  les advierte de los problemas que se avecinan  en la ruta.
Es  el franciscano, el que alza su voz por la inseguridad que priva para los centroamericanos, desde cruzan al lado mexicano.
"Este País es muy violento y les puede pasar que los abandone el coyote (guía)  o los entregue en manos del crimen organizado, los detenga el Ejército, la Policía Federal o la Estatal o los asalte alguna banda, pero nosotros somos de la Iglesia católica y de organismos de derechos humanos que queremos iniciar con ustedes un Viacrucis, como el que hizo hace dos mil años un hombre inocente al que mataron.
"Les queremos acompañar 30 kilómetros desde este poblado hasta Tenosique para experimentar un poco con ustedes su dolor y sufrimiento, pero sobre todo para alzar la voz y decirle al Gobierno federal que haga lo que  tenga que hacer para que este camino no esté  lleno de violencia", les expresa.
 Es la ruta que, advierte a los mismos centroamericanos que acaban de ingresar al país, donde todos los días se corre el riesgo de sufrir de asaltos, asesinatos  o que las mujeres sean violadas.