LOS ÁNGELES.- Organizaciones de "dreamers", estudiantes indocumentados que quieren regularizar su estatus migratorio en Estados Unidos con la aprobación en el Congreso de la ley Dream Act, escalarán la presión para lograr este objetivo, al revelar su situación legal de manera masiva.
La campaña de "salidas del clóset" es encabezada por la Alianza Nacional de Jóvenes Inmigrantes y la organización Dreamactivist.org y se desarrollará a lo largo de este año electoral e incluirá reuniones caseras, vigilias y anuncios públicos por Twitter y Facebook.
Las salidas de clóset han contribuido a que más estudiantes se unan a estos movimientos, a cambiar la percepción de políticos, a humanizar a los "dreamers", a activar movilizaciones para detener deportaciones y sobre todo a apoyar campañas en favor del Dream Act, señalaron activistas.
La Dream Act es impulsada sobre todo por legisladores demócratas y cuenta con el apoyo del Presidente Barack Obama, quienes no han logrado, sin embargo, reunir suficiente apoyo republicano en el Congreso para sacarla adelante.
La Casa Blanca ha promovido incluso la Dream Act como una suerte de paso intermedio antes de alcanzar una nueva reforma migratoria integral que beneficiaría a unos 11 millones de personas.
Las organizaciones y estudiantes que promueven la divulgación dicen que lo ven como un acto que reivindica su dignidad. Este es el primer paso para dejar de vivir con vergüenza y miedo de ser detenido y eventualmente deportado, sostienen.
"No tienen que tener miedo de salir del clóset. Salir del clóset es precisamente dejar de tener miedo, decir a otros indocumentados y a sus padres que no estamos solos", dijo Lizbeth Mateo, cofundadora de la coalición de organizaciones pro Dream Act.
Pero no todos los activistas a favor de la legalización de los "dreamers" creen que es una buena idea revelarse como indocumentado.  Entre ellos está la Coalición por los Derechos Humanos de los Inmigrantes, que llama a los jóvenes a medir antes las consecuencias.
Jorge Mario Cabrera, portavoz de la organización, dijo que lo prioritario es que al revelar su situación los jóvenes no sean despedidos de sus empleos, pierdan becas o, peor, aceleren su deportación a su país de origen, que en la mayoría de los casos es México.
El clima político actual en Estados Unidos, que ha permitido la puesta en marcha de programas como Comunidades Seguras, que enfatiza la deportación de personas con antecedentes penales, pero que se cree que no se asegura demasiado de concentrarse sólo en este grupo, no se presta para tomar riesgos, dijo la abogada de Inmigración Jessica Domínguez.
"Cada semana veo a jovencitos pasar por la pesadilla de enfrentar una audiencia de deportación con ICE (Servicio de Inmigración y Control de Aduanas) o jueces de Inmigración y no es nada fácil salir de estas situaciones'', dijo.
Pero para Diana Rebolledo, una estudiante mexicana de leyes en Detroit, salir del clóset hace dos años no sólo no significó perder su empleo de intendencia en una fábrica automotriz, sino que le dio tranquilidad.
"Se trata de aceptar quien eres, aceptar tu estatus migratorio", dijo la joven. "Las deportaciones existieron antes de que comenzamos a salir del clóset y seguirán haciéndolas. No han parado, eso no ha cambiado'', recordó.