MÉXICO, DF.- Caber apenas en una silla o en el inodoro, no poder pasar a otro sitio porque el espacio libre queda angosto, ver imposible caminar al mismo ritmo que el grupo de amigos o tener que pagar primera clase en un avión para entrar en el asiento, son algunas de las situaciones incómodas que pasan personas con obesidad.
¿Por qué no cambian si es muy molesto lo que viven? Para Benjamín Domínguez, del Departamento de Psicología de la Salud de la UNAM, esto se debe, en parte, a que la sociedad es producto de una tradición racionalista en la que se asume que el ser humano puede tener control absoluto sobre todo.
"Este mito de control sobre nuestro propio cuerpo, sensaciones y pensamientos no tiene fundamento. Y lo observamos sobre todo en nuestros hábitos alimenticios. Si nos apetece una comida es sumamente difícil abstenerse de comerla, incluso si sabemos el daño que nos produce el consumo de carbohidratos o azúcares", comenta.
Indica que los humanos están "programados" para resistir la escasez que se ha repetido en diversas etapas de la historia, el problema es que "somos sumamente frágiles al repertorio de comida que tenemos".
"Ahora es muy difícil que una persona se muera de hambre, se mueren más por abundancia", comenta.
Explica que enfrentar o vivir con obesidad es sumamente complejo y, en varios casos, la apariencia de los "gorditos simpáticos y buena onda" esconde un malestar de todos los días.
Ver limitada su capacidad física para realizar algún trabajo, desplazarse con dificultad de un lado a otro, el estigma al que deben sobrevivir y, que los limita para establecer relaciones interpersonales, con la sociedad o para conseguir trabajo, son situaciones que Mauricio Sierra, cirujano bariatra del Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición (INCMN), sabe que sus pacientes deben enfrentar día con día.
"La obesidad es un problema muy complejo y multifactorial, se ha identificado que influyen factores genéticos, psicológicos y el medio ambiente", explica el también cirujano en el Hospital ABC.
Entre los psicológicos se encuentran problemas de ansiedad, angustia y depresión, que explicarían porque quienes padecen obesidad, con las limitaciones que ello implica, siguen comiendo, considera Sierra.
El ambiente, ya denominado como "obesigénico", tiene un gran peso. En éste abundan los alimentos altos en calorías, los cuales son más baratos, y están fácilmente disponibles para la población, los trabajos son cada vez más sedentarios y hay poco tiempo y espacio para realizar actividades físicas, entre otros factores.
Dolor social
Las personas con obesidad viven en una permanente contradicción, asegura  Domínguez.
Igual que los adictos o quienes tienen otras enfermedades crónicas, quieren ejercer control sobre su enfermedad, y aunque a veces lo logran, la realidad los contradice, por ejemplo, con el ambiente obesigénico en el que se desenvuelven.
"Para ellos es muy doloroso, muy difícil de controlar y esto eleva su nivel de estrés y éste lo que hace es hacerlos terminar de perder porque pueden comer por ansiedad.
"Necesitamos comprender más cómo el componente emocional, que regula lo que nos gusta y lo que no, participa en los hábitos alimenticios de las personas", explica el psicólogo.
El ser señalados o distinguirse de los demás por la obesidad es una situación muy difícil de manejar emocionalmente para estas personas.
"Hay un problema emocional que los lleva a comer de esa manera y que no bloquea la incapacidad de deci: 'Si ya no me queda este pantalón, ya no voy a comer'", coincide Sierra.
"Sabemos que las áreas de nuestro cerebro que se activan cuando hay dolor físico son las mismas que se activan cuando hay dolor social. Cuando a una persona se le discrimina, se le excluye, o se le hace un gesto de desagrado, es muy doloroso para ella.
"Estas personas sufren de un dolor social, que a su vez produce algunos procesos inflamatorios que aumentan la vulnerabilidad de su organismo a enfermedades", Domínguez.