MÉXICO, DF .- Hablar de sexualidad con los hijos adolescentes no siempre es fácil. Especialmente cuando son retraídos y oponen resistencia cada vez que uno quiere abordar el tema. Sin embargo, eso no implica que no sea necesario.
¿Por dónde empezar?
Un punto importante es tomar en cuenta que los hijos no sólo aprenden de lo que les decimos sino que las actitudes y reacciones que ven en sus padres al hablar del cuerpo y de los sentimientos, les van dando una idea de cuáles son los puntos que pueden abordar con ellos y cuáles es mejor evitar. Esto, al mismo tiempo, contribuye a que se vayan forjando desde pequeños una idea de la sexualidad ¿es natural? ¿dicen que es natural pero en realidad no lo es tanto? ¿hay que temerle? ¿o más bien se debe conocer y aprender a decidir sobre los aspectos que la involucran?
Preguntarnos qué se le quiere enseñar a los hijos al respecto y observar si tanto las reacciones que tenemos, como la manera de relacionarnos dentro de la casa son congruentes con eso, es un punto importante, pues si no lo tenemos claro, con facilidad podemos enviar dobles mensajes que confundan. ¿Decimos que en las relaciones afectivas debe haber comunicación pero no nos hablamos con nuestra pareja? ¿Lo que afirmamos sobre los roles de género corresponde a lo que se vive diariamente en el hogar?
No sólo del cuerpo
Para poder tomar decisiones razonadas y satisfactorias, los adolescentes necesitan tener información, conocer su cuerpo y reconocer que tienen sexualidad, para entonces reflexionar sobre lo que sienten al respecto y sentirse con derecho a tomar decisiones sobre ella. Entonces, sí, es necesario que les hablemos del cuerpo, de los genitales y las conductas sexuales que los involucran, y de los consabidos riesgos. Pero no sólo es necesario hablar de eso. Las decisiones sobre conductas sexuales como tener o no relaciones sexuales, involucrarse o no en caricias íntimas con alguien y en qué circunstancias, protegerse o no hacerlo, ceder frente a situaciones destructivas o que les generan incomodidad, entre otras, se toman dentro de un contexto muy amplio en el que hay muchos factores que entran en juego. Contemplar esos distintos aspectos en la formación cotidiana ayuda a que cuenten con las herramientas necesarias a la hora de decidir.
Entre los factores que influyen están:
-La percepción que se tiene del propio cuerpo. Ayudar a las hijas e hijos a tener una percepción positiva de su cuerpo, sentirse atractivos y adecuados tal y como son es un elemento que les brinda más seguridad en las relaciones que establecen con los demás. Sentir que deberían ser más delgados de lo que son, más altos o más fuertes los hace más propensos a exponerse a situaciones riesgosas para sentirse valorados.
-La autoestima: A mayor seguridad y confianza en las propias percepciones y capacidades se es más capaz de poner límites y expresar las propias necesidades. Esa fuerza interna se construye día a día al tener espacios de expresión en la casa, sentir que se es escuchado, valorado y tomado en cuenta y que se confía en la capacidad para enfrentar situaciones y resolver problemas. Las comparaciones con otras personas como un ejemplo de cómo se debería ser, tienen el efecto contrario y refuerzan la idea de que, como uno es, no es suficiente. Con ello, los miedos cobran más fuerza y predominan al momento de decidir, por ejemplo, al acceder a situaciones que incomodan o riesgosas por tratar de complacer.
-El género: La percepción de la sexualidad masculina y femenina tiene una fuerte influencia en las decisiones que se toman al respecto. Qué sentimos que tenemos que demostrar, qué actitud creemos que es adecuado adoptar frente a la seducción y qué consideramos que hace valioso a un hombre o a una mujer puede hacer a los adolescentes más vulnerables o, por el contrario, darles elementos útiles para manejar sus relaciones.
*La autora es psicóloga, experta en sexualidad.
Comentarios: vihiri@gmail.com
¿Por dónde empezar?
Un punto importante es tomar en cuenta que los hijos no sólo aprenden de lo que les decimos sino que las actitudes y reacciones que ven en sus padres al hablar del cuerpo y de los sentimientos, les van dando una idea de cuáles son los puntos que pueden abordar con ellos y cuáles es mejor evitar. Esto, al mismo tiempo, contribuye a que se vayan forjando desde pequeños una idea de la sexualidad ¿es natural? ¿dicen que es natural pero en realidad no lo es tanto? ¿hay que temerle? ¿o más bien se debe conocer y aprender a decidir sobre los aspectos que la involucran?
Preguntarnos qué se le quiere enseñar a los hijos al respecto y observar si tanto las reacciones que tenemos, como la manera de relacionarnos dentro de la casa son congruentes con eso, es un punto importante, pues si no lo tenemos claro, con facilidad podemos enviar dobles mensajes que confundan. ¿Decimos que en las relaciones afectivas debe haber comunicación pero no nos hablamos con nuestra pareja? ¿Lo que afirmamos sobre los roles de género corresponde a lo que se vive diariamente en el hogar?
No sólo del cuerpo
Para poder tomar decisiones razonadas y satisfactorias, los adolescentes necesitan tener información, conocer su cuerpo y reconocer que tienen sexualidad, para entonces reflexionar sobre lo que sienten al respecto y sentirse con derecho a tomar decisiones sobre ella. Entonces, sí, es necesario que les hablemos del cuerpo, de los genitales y las conductas sexuales que los involucran, y de los consabidos riesgos. Pero no sólo es necesario hablar de eso. Las decisiones sobre conductas sexuales como tener o no relaciones sexuales, involucrarse o no en caricias íntimas con alguien y en qué circunstancias, protegerse o no hacerlo, ceder frente a situaciones destructivas o que les generan incomodidad, entre otras, se toman dentro de un contexto muy amplio en el que hay muchos factores que entran en juego. Contemplar esos distintos aspectos en la formación cotidiana ayuda a que cuenten con las herramientas necesarias a la hora de decidir.
Entre los factores que influyen están:
-La percepción que se tiene del propio cuerpo. Ayudar a las hijas e hijos a tener una percepción positiva de su cuerpo, sentirse atractivos y adecuados tal y como son es un elemento que les brinda más seguridad en las relaciones que establecen con los demás. Sentir que deberían ser más delgados de lo que son, más altos o más fuertes los hace más propensos a exponerse a situaciones riesgosas para sentirse valorados.
-La autoestima: A mayor seguridad y confianza en las propias percepciones y capacidades se es más capaz de poner límites y expresar las propias necesidades. Esa fuerza interna se construye día a día al tener espacios de expresión en la casa, sentir que se es escuchado, valorado y tomado en cuenta y que se confía en la capacidad para enfrentar situaciones y resolver problemas. Las comparaciones con otras personas como un ejemplo de cómo se debería ser, tienen el efecto contrario y refuerzan la idea de que, como uno es, no es suficiente. Con ello, los miedos cobran más fuerza y predominan al momento de decidir, por ejemplo, al acceder a situaciones que incomodan o riesgosas por tratar de complacer.
-El género: La percepción de la sexualidad masculina y femenina tiene una fuerte influencia en las decisiones que se toman al respecto. Qué sentimos que tenemos que demostrar, qué actitud creemos que es adecuado adoptar frente a la seducción y qué consideramos que hace valioso a un hombre o a una mujer puede hacer a los adolescentes más vulnerables o, por el contrario, darles elementos útiles para manejar sus relaciones.
*La autora es psicóloga, experta en sexualidad.
Comentarios: vihiri@gmail.com