MADRID, España.- En este tiempo de elecciones, los políticos pueden respirar tranquilos, ya que con una sola prenda podrían desde minimizar hasta potenciar sus defectos o virtudes, asegura la socióloga de la moda Patrycia Centeno.
"Su estilismo no requiere implementar soluciones drásticas, sólo conocerse bien y saber qué es lo que más conviene", afirma Centeno.
La también asesora de comunicación en el sector moda acaba de publicar en  España un amplio estudio, titulado "Política y Moda (Península)", en el que saca a
la luz los rasgos esenciales de los hombres públicos, centrándose en la imagen estética y aspectos de la indumentaria.
"A diferencia de otros oficios, el estilismo político no se centra en vestir bien o mal, sino de evitar incongruencias, ser coherente con la ideología que se asegura
postular, con el contexto social y geográfico en el que se vive y, por supuesto, con uno mismo, la personalidad y los rasgos físicos", señala la autora.
En este sentido, Centeno expone que los grandes escándalos relacionados con la vestimenta no ocurren por el hecho de utlizar una camisa u otra, sino porque ésta
no va de acuerdo con el cargo.
"Nos encontramos casos como el de un líder sindical que en varias manifestaciones lució una bufanda con el estampado de la firma de lujo británica Burberry o la secretaria general de un partido político de derecha que, para un mitin, se adornó el cuello con una versión en tonos lilas del pañuelo palestino, ya que si el primero
ofendió a los trabajadores, la segunda no gustó entre sus filas partidistas", señala.
La experta hace un recuento de algunas actitudes que grandes políticos de nuestro tiempo han adoptado en relación a su imagen, como el cambio de look que experimentó Saddam Hussein.
En el momento en que iba a ser enjuiciado, llamó la atención al cambiar el uniforme militar por un traje de lana turca con raya diplomática, camisa blanca de algodón y pañuelo de bolsillo.
"Tras la rigidez en el vestir de Benito Mussolini, Francisco Franco, Adolfo Hitler, José Stalin o Augusto Pinochet, los nuevos dictadores procuran ser algo más originales, aunque sus fastuosas excentricidades siguen desenmascarándolos", estima la escritora, quien critica los estrafalarios modelos de Gadafi.
En el otro extremo, Centeno comenta el estilo del líder iraní Mahmud Ahmadineyad, quien pretende pasar desapercibido utilizando tonos "nude" y chamarras de piel baratas para conseguir que su pueblo lo considere uno más
de los suyos.
"En cambio, Fidel Castro renunció a la mítica guerrera verde oliva por prescripción médica y reapareció ataviado con unos pants y, aunque se auguró que esa
imagen iba a ser transitoria, acabó acostumbrándose a la comodidad de la ropa deportiva, algo que copió su fan incondicional, Hugo Chávez", detalla.
Por último, Centeno aporta tres consejos básicos.
"Si necesitan seguridad, súbanse a unos tacones o ajústense bien el nudo de la corbata; si buscan seriedad, apuesten por un peinado menos juvenil; en caso de