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Omar Rosas, a la derecha, captado junto a su madre, Adriana Jiménez, durante la ceremonia de firma de su Carta de Intención con una universidad de Illinois. VINCENT OSUNA/IMPERIAL VALLEY PRES

EL CENTRO — Omar Rosas, quien formó parte del equipo de lucha libre de los Espartanos de Central, ha firmado con un conjunto de nivel universitario para seguir dentro del deporte y continuar con sus estudios.

Novato en su segundo año en la preparatoria, el joven pugilista, gracias a su arduo trabajo consiguió meterse en el Torneo de Maestros de la Sección San Diego de la Federación Inter Escolástica de California en el duodécimo grado.

Luego de tres años de carrera en las luchas logró captar la atención de entrenadores de nivel colegial, lo que culminó con la firma de una Carta de Intención la noche del miércoles 24 de junio pasado en una ceremonia celebrada en casa junto a unos 20 amigos y familiares.

A partir del siguiente año escolar, Rosas formará parte del equipo de la Universidad Millikin de Decatur, Illinois.

El equipo de lucha de la universidad que milita en la División III de la NCAA terminó el año pasado con marca de 18-7.

El luchador, quien obtuvo una beca para estudiar biología, ha sido el único del equipo de los Espartanos de Central en firmar con un programa de nivel colegial.

Formó parte del equipo de baloncesto en su primer año, pero el deporte no lo convenció, por lo que decidió pasar a las luchas.

Desde las primeras pruebas, Rosas descubrió una nueva pasión, que hasta ahora lo ha llevado a seguir adelante.

En su tercer año dentro del programa, el pugilista terminó segundo en la final de la Liga del Valle Imperial y consiguió el triunfo en la CIF dentro de las 134 libras.

Con 20 libras más en su último año, Rosas destacó al conseguir llegar a la final del Torneo Invitacional de los Rotarios de Holtville, acabar en la cima en las finales de la División III de la Sección San Diego y alcanzar el tercer lugar en el Torneo de Maestros, además de haber sido nombrado al primer equipo de la Liga del Valle.

Dentro de la Universidad, Rosas planea subir a las 165 o a las 174 libras.

Una de las cosas que dejará de disfrutar a nivel local será la alimentación por parte de su madre, Adriana Jiménez, quien lo ayudó en su carrera en la planeación de comidas.

Lo que seguramente su madre seguirá haciendo es echarle porras desde lejos para animarlo antes de saltar al colchón de luchas.

Rosas es el primero de su familia en participar en las luchas y en asistir a la universidad.

“Me hizo sentir orgullosa”, dijo Jiménez sobre la beca obtenida por su cachorro.

Con información de Vincent Osuna/Imperial Valley Press

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